La tremenda situación causada por las tormentas en la provincia y las inundaciones en varias poblaciones del sur, principalmente La Madrid, ha puesto a Tucumán en emergencia hídrica, con cientos de familias afectadas y la necesidad de movilizar ayuda urgente para quienes han perdido todo. Las autoridades han explicado que estamos viviendo una situación inusual, ya que ha llovido en lo que va desde principios de enero más del 60% del promedio anual de precipitaciones, estimado en 1.000 milímetros, y tratan de prepararse para lo que sigue. Por otra parte, ha habido críticas a la acción oficial, sobre todo por la decisión de suspender las clases, y ayer hubo un gravísimo incidente con la agresión a un diputado nacional, escándalo que ha de tener fuerte repercusión en el país.

La cuestión, no obstante, es la emergencia que se reitera en la zona más baja de la provincia, ubicada al sudeste tucumano en dirección al embalse de Termas de Río Hondo. A 24 años de la catástrofe en que el pueblo fue cubierto por las aguas, que llegaron a tres metros de altura en las casas, y a nueve años de la última gran catástrofe, La Madrid  volvió a quedar bajo las crecientes. La gente tuvo que buscar refugio nuevamente en la ruta 157, alojada en carpas, en las condiciones más precarias -sin agua, sin luz, sin baño, sin ropas, con todas sus pertenencias llevadas por el torrente- y sin seguridad con respecto a que vaya a aliviarse esta situación de desastre.

Cabe recordar que ya hace casi tres décadas hubo un importante estudio para encarar un plan director hídrico en la provincia, que a pesar de haber sido concluido quedó sin ejecutar y se desactualizó.. Luego, tras la emergencia de 2017, un grupo de profesionales, inicialmente autoconvocados y luego integrados a una comisión legislativa multidisciplinaria, elaboró un informe abarcador de toda la problemática de las inundaciones. Se estudiaron aspectos técnicos, sociales, económicos, ambientales y hasta los costos ocultos de estas emergencias tanto en lo que hace a los problemas de salud como a la afectación de las producciones rurales. Se identificaron las causas estructurales de las inundaciones en la subcuenca del río Marapa, integradas a la cuenca Salí-Dulce, y se propusieron soluciones, tanto urgentes como  en el mediano y el largo plazo. El especialista en Hidráulica Claudio Bravo explicó que el diagnóstico se centró en la duplicación del área de aporte hídrico del río Marapa y en los desmontes sin control, que alteraron la capacidad de drenaje; dijo que en las últimas cuatro décadas se han desmontado 100.000 hectáreas desde el llano y subiendo por el piedemonte hasta la montaña alta, arriba del embalse de Escaba, en la zona de Catamarca.

Entre las medidas propuestas, se consideró el traslado del pueblo a zonas más elevadas o la creación de un parque verde con restricción de uso en épocas de crecientes y la restitución de los bañados que fueron cambiados por terrenos destinados a la agricultura  Ninguna de las propuestas se concretó. Se hicieron algunas obras y como desde 2019 hubo años secos, no se generaron mayores inquietudes en las temporadas de lluvias hasta ahora. Los especialistas dicen que no hubo cambios significativos en la gestión y remarcan que, por un lado, no se ha llegado en general a la ejecución de los proyectos llevados a cabo tras el diagnóstico, y en el caso de las pocas obras que se hicieron, no han tenido mantenimiento ni acompañamiento de tareas complementarias que ayudasen a su duración.

Conviene, entonces, enfrentar la emergencia de la mejor manera posible, canalizando la ayuda para los damnificados, más allá de los debates políticos (cuyas consecuencias de incipiente violencia deben ser resueltas) y empezar a pensar en programas destinados a evitar o morigerar los efectos devastadores que las aguas tienen en cada verano sobre amplias zonas de la provincia. Se trata de una emergencia mayúscula, que debe ser abarcada más allá de las respuestas de ocasión.